La partida de mi compañero de vida

La partida de mi compañero de vida

¿Por qué nadie me dijo que esto sería tan difícil? he visto a mis amigas pasar por lo mismo que estoy pasando yo… y sin embargo a mí se me hace que día a día muero,  ya ha pasado un tiempo desde que mi esposo falleció y yo aún siento que fue ayer…

 

 

¡Hay tantos recuerdos en estos años juntos! Mis hijos me dicen que “debo” dejar de llorar y de extrañarlo, a mí eso me duele, estamos hablando de su padre, fueron más de 25 años en los cuales, vivimos de todo, pobreza, trabajo, enfermedades de los hijos, las alegrías de los nietos.

 

Sabíamos que en algún momento uno de los dos moriría pero en realidad nunca nos preparamos para este momento, estábamos muy acostumbrados a esta vida en común,  a levantarnos todos los días a la misma hora, sentarnos a desayunar compartir la plática de la mañana que siempre giraba alrededor de la familia:

 

¿Viste viejo que grandes están los nietos?

 

Nuestra rutina de cada día ahora se ve interrumpida porque él ya no está, yo me siento tan desubicada, no duermo por las noches, ni siquiera me dan ganas de comer, lo único que me consuela es la misa de cada ocho días en la cual me siento un poco cercana a él.

 

Últimamente he preferido guardar silencio y no hablar con mis hijos del tema, porque ya me suena a canción su frase de siempre: “Ya pasó tiempo” así que decidí buscar a mis amigas que ya lo han pasado para preguntarles si siempre se siente así, si de verdad yo estoy mal en lo que creo y siento, algunas me dijeron que la muerte era normal y natural que no debía de estar sufriendo, que al rato me moriría yo y se acabaría todo, una de ellas no me decía nada solo estaba callada tomando su té.

 

¿Qué me dijo una de ellas?

 

Yo cuando perdí a mi esposo me sentí igual que tú, era como si todo se hubiera detenido pero a la vez como si todo me empujara a seguir adelante, al igual que tú sentía que no había nadie con quien pudiera hablar de lo que estaba sintiendo porque la gente al escucharme me decía que estaba exagerando, que las cosas pasan y que con el tiempo uno se acostumbra a vivir así, esto no me hacía sentir mejor y seguí buscando, me di cuenta que había más opciones para trabajar con las emociones que estaba sintiendo.

 

Encontré un grupo de ayuda para personas que habían perdido a su pareja y ahí me di cuenta que cada una de las cosas que sentía era normal, también aprendí que si no ponía atención a ellas mi cuerpo empezaría a enfermarse me explicaron que a eso se le llama: “Somatizar” yo ya había empezado a sentir dolores de cabeza, mi estómago me estaba causando problemas pero nadie me había dicho que eso era resultado de no atender mi “duelo”.

Le di las gracias y me quedé pensando largo rato…

 

¿Qué fue lo que yo pensé?

 

Todo eso que ella me había mencionado me estaba pasando a mí, la falta de sueño, de apetito, las pocas ganas de  hacer las cosas que antes me gustaban, el aislarme de mis hijos porque sentía que no me comprendían.

 

Me di cuenta que incluso los malestares de los que ella hablo se habían estado presentando en mí pero no les había puesto demasiada atención. Llegué a pensar que eran “achaques” propios de la edad.

 

Busqué un grupo de los que me había hablado ella y empecé a asistir. Al principio guardaba silencio y escuchaba pero poco a poco, me di cuenta que las personas que estaban ahí se habían sentido como yo, todos habían perdido a su compañero/a de vida y relataban el difícil proceso de cada día de despertar sin verle después de tantos años juntos… fue como mirarme en un espejo, ahí no había críticas, ni rostros de fastidio al escuchar a alguien expresar su sentir.

 

Sin duda una de las cosas más difíciles de la vida es asimilar que quien estuvo con nosotros recorriendo el camino, formando una familia ya no esté, pero ahora sé que no estoy sola en este proceso y que hay más personas que lo viven cada día y buscan el apoyo indicado para ir asimilando esta nueva realidad.

 

Quizás la recuperación en el duelo sea lenta pero en algún punto recobrare la paz y la estabilidad que ahora tanto requiero, pues la finalidad de estos grupos de ayuda es acompañarte a cada paso y hacerte saber que siempre todo puede mejorar.

 

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Escrito por: Andrea Ramírez, Psicóloga

 

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