Déjalo ir con vida

Déjalo ir con vida

Vuelve a leer el título, tomate unos segundos y piensa qué sensaciones y emociones percibes… ahora, ¿qué pensamientos vienen a tu mente?… anótalos antes de empezar a leer.

 

Suspiré al realizarme esta pregunta, llegó una oleada de paz y tristeza. Al hablar de dejar ir, se transmite una sensación de pérdida, de algo que estuvo contigo y ya no estará más. La realidad de la vida, es así. Estamos en un constante dejar ir: se va el tiempo, se va el año, se termina una jornada laboral, te despides de tu mejor amigo, terminas una relación de pareja; incluso dejas ir hábitos tóxicos en tu vida para lograr un cambio.

 

¿Y qué sucede cuando ese dejar ir, es un familiar cercano al que amas, que te ha acompañado a lo largo de tantos años, que está en una fase terminal de su vida, ya sea por enfermedad crónica  o por un accidente inesperado?

 

De lo que quiero hablarte es de ese momento crucial, al que algunos llaman “despedida.” Y es que hablar de despedirnos de alguien no es fácil; esto tiene que ver con tu tipo de apego con esa persona. Vamos a considerar dos tipos de apego, un APEGO SALUDABLE y un APEGO NO SALUDABLE. Imagínate que eres una planta, la que más te guste; y estás en tu tierra, le pones nutrientes para mantenerla sana, firme y viva. Con esta visión, te quiero explicar una analogía.

 

El apego saludable es una relación de NUTRIR y de SUMAR: tú me sumas y yo te sumo. Permíteme explicártelo. Cuando alguien nutre a tu vida, viene a abonar tu tierra con nuevos  nutrientes, o agregándole más a los que ya tenías. Esa planta, que eres tú, se siente acompañada y enriquecida; se beneficia a nivel emocional, social, económico, espiritual, entre otros. Cuando esos nutrientes han permanecido por muchos años en nuestra tierra, impactando positivamente en ella, desearíamos que permanecieran con nosotros hasta el último día de nuestra vida, porque creemos que sin ellos, no podría seguir viviendo esa planta, o sea, nosotros mismos. Esto no quiere decir que tú LOS NECESITAS, ya que el abono tú lo sigues aportando a lo largo del tiempo.

 

Por otro lado, el apego no saludable, es una relación de DEPENDENCIA, cuando no quiero generar nutrientes en mi tierra y busco que provengan de alguien ajeno. Para mantener mi planta con vida, generamos una RESPONSABILIDAD en alguien más para que abone nuestra tierra y, por lo tanto, creamos una NECESIDAD depositada en el otro.

 

Por supuesto que esto pondrá en riesgo la estabilidad de la planta, ya que las personas no son eternas, aunque quisiéramos que duraran el mismo tiempo que nosotros y que no se vayan primero. Pero así es como sucede, ya sea por voluntad, hablando del término de una relación, o por muerte. En el caso de la muerte, quiero que pienses en tu familiar también como una planta, la cual tuvo su temporada, su momento, su vitalidad. Sin embargo, como todo ciclo de un ser vivo, ha llegado el momento de morir. Ahora, imagínate que le dijeras a esa planta: “¡no mueras, sigue viviendo, sigue estando conmigo!” Y que esa planta decidiera quedarse porque no quiere verte sufrir, y sólo se fuera secando poco a poco, intentando mantenerse viva, sobreviviendo… siendo que, al final, por ley de la vida y por el fin de su ciclo, muere, pero muere marchita, deshidratada, con sus hojas rotas, sin su color.  Porque al querer aplazar el tiempo por quedarse contigo, y ya no poder tener más abono en su tierra de manera natural, se había consumido. Y los nutrientes que tú le aportabas no eran suficientes, porque no eran los propios. De esta manera muere con más desgaste y sufrimiento.

 

Ahora, imagínate que tú no le hubieras rogado que no muriera y se quedará contigo, a pesar de que aún veias su color y sus hojas completas, y que simplemente al ser acompañante de su vida, le hubieras dicho: “Sé que te extrañare, porque abonabas a mi vida y eso era muy bueno para mi, te agradezco todo este tiempo que compartiste conmigo, pero sé que es momento de partir, te veo aún reluciente, y no pudiera imaginar que ya es tu tiempo de morir.

 

Sin embargo, la vida es impredecible; así, llena de luz y de paz, te dejo ir, más en mi tierra dejaste tus nutrientes, con los cuales seguiré disfrutando de ti, recordándote y aportando a la tierra de muchos. Te quedas por siempre en mi corazón.” La dejaste morir de foma natural, la dejaste “morir con vida.” ¿Qué ironia no?… Y así es, dejarla morir con vida quiere decir que no permitiste un degaste mayor y que aceptaste su partida con la poca o mucha energía que le quedaba. Tu familiar, tu ser amado, siempre se quedará en ti. Él o ella dejó sus nutrientes en tu tierra. Ellos permanecerán; abrázalos, nútrelos aún más y compártelos, y no morirán jamás. Y a ti te digo: déjalo ir en paz y esa misma paz regresará a ti; vuelve a vivir, ¡Elige la vida!

 

¿Crees que vale la pena dejar ir a tu familiar en paz o rogarle para que se quede? ¿Qué sensaciones, emociones y pensamientos vienen a ti cuando lees la última estrofa de este escrito? ¿Qué perspectiva afirmaste o aprendiste con esta analogía?

 

Escríbelo, te leo.

Estoy contigo, para servirte y te mando un abrazo,

Eunice.

 

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Escrito por: Eunice González Lara, Psicóloga Clínica y Maestra en Gerontología

 

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2 thoughts on “Déjalo ir con vida”

  • Me isiste llorar hermosa, creeme que yo no puedo superar la perdida de mi tia maria me dejo un gran dolor en mi corazón, y al leer esto tienes mucha razón 😭😭😭😭😭 como aprender asoltarla la extraño tanto yo la miraba como una madre y es muy difícil 😭😭😭😭😭 un fuerte abrazo de mi parte hermosa meda tanto gusto ver como has llegado tan lejos y logras tocar nuestros corazones con tus hermosas palabras llenas de sabiduría y amor 😘😘😘😘😘❤❤❤❤❤❤

  • Muy bonito lo que escribiste, me gustó mucho
    Muy bien explicado,muy interesante.
    Nadie quisiera que llegara el momento de partir,pero así es la vida. Todo tiene un principio y un fin

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